Recibido: 12/3/2024 | Aprobado: 27/4/2024
ISSN (Impresa): 3060-9879
ISSN (En línea): 3060-9887
Francisco G. Álvarez Aquino
Profesor y maestro. Escuela de Medicina Alix de la Clínica Mayo. Consultante Servicio de Trasplante de Pulmón. Arizona, Estados Unidos.
ORCID: 0000-0002-3692-9757
Correo-e: [email protected]
Cómo citar: Álvarez Aquino F. Uso de corticoesteroides en neumonía: el péndulo vuelve a oscilar. Neumos. 2024;32(1):33-49. Disponible en: https://doi. org/10.63675/e812td46
El documento revisa la evidencia sobre el uso de corticoesteroides (CCs) en la neumonía adquirida en la comunidad (NAC), destacando estudios recientes y metaanálisis. Desde 1940, el uso de CCs en infecciones severas ha sido controversial. La base fisiopatológica se centra en mitigar la “tormenta de citoquinas”. Estudios recientes y metaanálisis sugieren que los CCs, especialmente la hidrocortisona, pueden mejorar la supervivencia en NAC severa. Sin embargo, se necesita más investigación para confirmar estas recomendaciones. El uso de CCs debe ser individualizado y administrado tempranamente.
Palabras clave: corticosteroides; neumonía adquirida en la comunidad; infecciones graves; tormenta de citoquinas; hidrocortisona.
This document reviews the evidence on the use of corticosteroids (CS) in community-acquired pneumonia (CAP), highlighting recent studies and meta-analyses. Since the 1940s, the use of CS in severe infections has been controversial. The pathophysiological rationale focuses on mitigating the “cytokine storm.” Recent studies and meta-analyses suggest that CS, particularly hydrocortisone, may improve survival in severe CAP. However, further research is needed to confirm these recommendations. The use of CS should be individualized and administered early.
Keywords: corticosteroids; community-acquired pneumonia; severe infections; cytokine storm; hydrocortisone.
Quienes hemos ejercido la profesión médica por varias décadas, hemos sido testigos de que el concepto del uso de los corticoesteroides (CCs) en síndromes infecciosos severos ha pasado por todas las penas y glorias propias de las intervenciones controversiales, siendo glorificados y satanizados con igual pasión, basados en la evidencia del momento.
La historia posiblemente empezó en 1940, cuando se publicó un reporte de 17 casos de bronconeumonía, un caso de malaria y seis de “infecciones virales” tratados con extracto de corteza adrenal, sosteniendo que fue efectivo en reducir el período de convalecencia1.
El uso de estas drogas en neumonía y otras infecciones severas tiene una base fisiopatológica esencialmente lógica, ya que desde hace décadas sabemos que muchos pacientes sucumben a las infecciones no por un fallo en la erradicación de los agentes patógenos, sino como consecuencia de una reacción infamatoria sistémica descontrolada, que hoy conocemos como la “tormenta de citoquinas”2, 3, un término de creciente uso desde que se añadió al léxico médico en el 19934, y que ha alcanzado notoriedad luego de la pandemia del virus SARS-COVID-2. Al menos en teoría, drogas capaces de mitigar esta reacción inflamatoria pudiesen tener un efecto beneficioso en estos pacientes, pero probarlo no ha sido tarea fácil.
En los últimos años, existe evidencia creciente de que, usados juiciosamente y en pacientes bien seleccionados, los CCs pudiesen mejorar la supervivencia en pacientes con infecciones severas. En efecto, desde hace más de una década se ha reconocido la existencia el síndrome insuficiencia de CCs en pacientes críticamente enfermos (Critical illness-related corticosteroid insufficiency, o CIRCI, por sus siglas en inglés), y las sociedades de Cuidados Críticos americana y europea (SCCM y ESICM) han publicado guías para su diagnóstico y manejo5, siendo el propósito del mismo restablecer el balance en el axis hipotálamo-pituitario-adrenal6.
En pacientes con neumonía aguda se ha detectado la presencia del CIRCI y, dada la evidencia de que esta respuesta inflamatoria inapropiada contribuye al edema e injuria a nivel de la interface alvéolo-capilar, el uso de esteroides pudiese aportar beneficio para cortar esta cadena. Además, se presume que el uso de CCs pudiese prevenir la reacción tipo Jarisch-Herxheimer, que se ha observado en numerosos reportes inmediatamente después de la institución de la antibioterapia7.
Siendo la neumonía un tópico de especial interés para los neumólogos y, personalmente, una parte esencial en nuestro centro de trasplante de pulmón, nos incentivamos a escribir un resumen de la evidencia actual que promueva nuestro interés en un tema de permanente actualidad para nuestra profesión.
Como todos sabemos, la neumonía adquirida en la comunidad (NAC), también llamada “el mejor amigo del anciano” por el ilustre médico Sir William Osler, es una de las causas más importantes de morbilidad y mortalidad en todo el planeta8, 9. Aunque el advenimiento de la antibioterapia significó un avance fundamental en su tratamiento, es un hecho reconocido que aun en casos donde la terapia apropiada es instituida de forma temprana, la mortalidad continúa siendo inaceptablemente elevada. Como mencionábamos, esto es debido principalmente a una respuesta inflamatoria descontrolada, para la cual los antibióticos son inefectivos3,10. Como resultado, es entendible el interés en tratar de modular esta respuesta inflamatoria.
Los reportes del uso de CCs en neumonía son numerosos, varios de ellos publicados décadas atrás y con resultados a veces difíciles de interpretar. De hecho, nuestra revisión encontró más de diez metaanálisis publicados, lo que nos da una idea de lo controversial que es el tema. A continuación, resumiremos algunos de los estudios más importantes, y los metaanálisis más rigurosos, los cuales incluyeron solo estudios prospectivos, aleatorios y doble-ciego. En varios de estos metaanálisis hubo redundancia en los estudios, pero creemos que es conveniente cuando diferentes autores, usando métodos estadísticos distintos, evalúan la evidencia acumulada. Aun así, estos metaanálisis presentan imperfecciones y limitaciones, incluyendo:
Recientemente, los grupos lidereados por Meduri12 (2022) y Dequin13 (2023) publicaron dos estudios de gran importancia, por lo que revisaremos el tema en tres partes:
En el año 2015, el grupo de Siemieniuk publicó un metaanálisis que incluyó 12 estudios y casi 2000 pacientes con NAC moderada y severa. Los resultados se resumen debajo:
Dos años más tarde, 2017, el grupo de Stern y colaboradores publicaron un reporte en el prestigioso Cochrane Library, reportando un extenso resumen de la evidencia disponible, revisando 17 estudios comparando el uso de CCs (por vía oral o endovenosa) con placebo en 2,264 pacientes (1954 adultos, 310 niños) con NAC hospitalizados, con o sin neumonía nosocomial14.
La conclusión del análisis sostiene que, en pacientes con NAC, el uso de CCs se asoció a:
Es interesante destacar que, a pesar de lo heterogénea de la muestra, el coeficiente de riesgo de muerte en el grupo tratado fue significativamente menor (CR = 0.65, IC 0.47-0.920). Esta proporción se mantuvo aun cuando se dividió la muestra entre pacientes con NAC severa (n = 419), y no severa (n = 905). Otro dato importante es la dosis de CCs usada, que resultó, en general, ser equivalente a 40 - 50 mg de prednisona al día por 5-10 días.
Basados en la evidencia disponible en ese momento, la Sociedad de Medicina Crítica de los EE. UU. (SCCM) y la Sociedad de Medicina Intensiva Europea (ESICM) recomendaron en sus guías15, de manera condicional el uso de CCs por pacientes hospitalizados (importante recalcar) con NAC. Específicamente recomendaron el uso de una dosis diaria de hidrocortisona < 400 mg EV (o el equivalente en otros CCs).
Por otra parte, en una publicación de consenso conjunta entre la Sociedad Americana del Tórax (ATS) y la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA) se consideró que la evidencia no era lo suficientemente sólida para emitir una recomendación similar, aunque aceptaron el uso de CCs solo en pacientes considerados de alto riesgo (pacientes con EPOC, asma y sepsis)16. Al entender de los panelistas, en varios de los estudios examinados no se especificó con suficiente detalle la definición de grado de severidad de la neumonía, lo que hacía difícil la interpretación.
Luego, el mundo se vio azotado por la pandemia del COVID-19, y los estudios, mostrando resultados favorables con el uso de CCs17,18, revivieron el interés por su uso en NAC.
En medio de este debate, el grupo de Meduri publicó el estudio ESCAPe12, evaluando el uso de bajas dosis de metilprednisolona (MP) en pacientes críticamente enfermos con NAC. En este, se estudiaron pacientes con NAC suficientemente severa como para requerir admisión a UCI. Para determinar que la neumonía era severa se usaron los criterios establecidos por el consenso ATS/IDSA19. Estos pacientes fueron seleccionados aleatoriamente para recibir placebo o metilprednisolona por 20 días entre 72-96 horas del diagnóstico de NAC. En general, se acepta que el estudio fue rigurosamente ejecutado, con apego a los principios aceptados en este tipo de intervenciones.
El estudio fue diseñado para tener un poder estadístico suficiente para detectar una reducción absoluta de un 7 % en la mortalidad a 60 días, asumiendo un riesgo de mortalidad basal de un 28 %. Desafortunadamente, de los 1420 pacientes necesarios para probar la hipótesis, solo se pudieron reclutar 586, un número nada desdeñable, pero muy por debajo de lo esperado.
El resultado fue decepcionante: en el grupo tratado con CCs no hubo diferencia significativa en ninguno de los objetivos primarios o secundarios, como en la reducción en la mortalidad, uso de ventilación mecánica, estadía hospitalaria, o calidad de vida. Se ha especulado mucho sobre la razón de este resultado. Entre los argumentos más esgrimidos vale la pena mencionar:
Luego de este estudio, el grupo de Saleem y colaboradores publicó un nuevo metaanálisis22, que incluyó el reporte de Meduri. Se revisaron 16 estudios prospectivos, aleatorios y doble ciego, que incluyeron 3,863 pacientes tratados con diferentes tipos de CCs (véase Tabla 3 más adelante).
Este metaanálisis concluyó que no hubo diferencias significativas en la mortalidad con el uso de CCs en NAC, aunque un análisis de meta regresión determinó un efecto estadísticamente significativo (p = 0.04) en la mortalidad cuando el riesgo basal era elevado (recordemos que en el estudio de Meduri fue mucho más bajo de lo esperado, de 28 % a 18 %). Esto implica que los CCs pudiesen tener un efecto beneficioso en pacientes con alto riesgo de mortalidad, aunque no pudo determinarse de manera concluyente.
En lo que respecta a objetivos secundarios del estudio, los CCs parece que disminuyen los riesgos de agravamiento, admisión a UCI, y de requerir ventilación mecánica. Por otra parte, no hubo un aumento significativo en efectos adversos en general (por ejemplo, sangrado gastrointestinal, infecciones) entre los grupos, con excepción de la hiperglicemia. Los autores de este análisis señalan algunas limitaciones, como el hecho de inconsistencias en los estudios revisados a la hora de graduar la severidad de la neumonía, lo que produjo una heterogeneidad significativa en la muestra.
Es importante señalar que este metaanálisis ha recibido críticas que consideramos son válidas:
Sin duda, uno de los estudios recientes más interesantes sobre el uso de CCs en NAC severa fue el publicado por Dequin y su grupo en Francia13. Este también fue un estudio multicéntrico, controlado, prospectivo, doble ciego y aleatorio, en una población de adultos con NAC severa admitidos a UCI, que incluyó a 800 pacientes. Un grupo fue asignado a recibir hidrocortisona en dosis de 200 mg diarios, administrados por infusión continua, por 8-14 días, dependiendo de la mejoría clínica. El grupo asignado como control recibió placebo, en adición al tratamiento convencional. El principal objetivo para estudiar fue la mortalidad a 28 días.
Hay detalles importantes que debemos resaltar:
La Figura 1 nos muestra la manera en que se organizó el estudio. Nótese que se analizaron un total de 5 948 pacientes, pero solo se enrolaron 800. Las razones por la que excluyeron muchos pacientes fueron variadas (detalladas en el artículo), pero orientadas a eliminar factores que pudiesen influenciar los resultados. La Tabla 1 debajo es un resumen de los resultados del estudio.
Aunque el estudio fue terminado tempranamente debido al advenimiento de la pandemia del SARS-COVID-2, el análisis de los pacientes enrolados mostró una supervivencia que favorecía al grupo tratado con HC, alcanzando significancia estadística (p = 0.006). Es importante señalar que este beneficio perduró a los 90 días.
Otra cifra impresionante es la reducción del riesgo de muerte relativo en los primeros 28 días en un 48 %, una disminución de casi la mitad. Por otra parte, la disminución del riesgo de muerte absoluto fue de un 5.7 %, lo que significa que para salvar una vida con este tratamiento se deben tratar 18 pacientes. Dada la gran incidencia de la NAC alrededor del mundo, este es un número impresionante.
Con respecto a los efectos colaterales de los CCs, no se encontró diferencia en la incidencia de infecciones nosocomiales o sangrado gastrointestinal.
Al igual que el estudio por el grupo Meduri, el de Dequin se considera fue ejecutado con estricta adherencia a los criterios científicos y estadísticos que amerita el caso.

Tabla 1. Resumen de resultados principales del estudio Dequin et al.13

Como era de esperarse, este estudio despertó gran interés en la comunidad médica, y de inmediato surgió la pregunta inevitable: ¿Cómo explicar los resultados opuestos entre el estudio del grupo Meduri y el de grupo Dequin? Las dosis de esteroides fueron similares en potencia, y no se considera que el tipo de esteroide usado influencie el resultado, aunque más tarde veremos evidencia que sugiere lo contrario. En un editorial publicado al respecto26, sus autores detallan varias hipótesis:
En una carta publicada sobre el estudio de Dequin28, sus autores señalan que la diferencia en la mortalidad pudiera explicarse porque, aunque los pacientes con shock séptico fueron excluidos, 25 % en el grupo placebo vs. 15 % en el grupo tratado desarrollaron esta condición después de ser asignados a sus respectivos grupos, lo que aumentaría la mortalidad en el grupo placebo. Se nos ocurre que pudiéramos argumentar lo opuesto: que tal vez el uso de CCs fue efectivo en prevenir el shock séptico, y eso explica la mejoría en la supervivencia.
Aunque en general se estima que el tipo de CCs usado no debería influenciar el resultado, siempre y cuando se usen en la dosis apropiada (la cual aún no ha sido determinada), existe evidencia de que tal vez diferentes CCs tengan efectos diferentes. Esto podría explicar, por lo menos en parte, los resultados opuestos entre Meduri y Dequin. De hecho, un estudio en el que también participó Meduri, y donde el CCs usado fue hidrocortisona (al igual que Dequin)29, reportó mejoría significativa en la mortalidad, agravamiento de la neumonía, y estadía hospitalaria en pacientes con NAC, aunque fue un estudio con solo 24 pacientes, lo que impide establecer conclusiones sólidas.
En un intrigante metaanálisis, que incluyó 10 estudios y casi 2,000 pacientes, el grupo de See y colaboradores30 comparó los efectos de diferentes CCs en la mortalidad y otras variables en pacientes con NAC, los cuales reproducimos en la Tabla 2, debajo. El estudio reportó beneficios casi extravagantes con el uso de HC en comparación con otros CCs, lo que, según los autores, no se debió a las dosis usadas, porque en general fueron equivalentes.
¿Cómo explicar semejante disparidad entre los efectos de la HC comparado con los demás CCs? Los autores especulan que la HC es un glucocorticoide de corta acción y de baja potencia, lo que, en teoría, le permite modular la respuesta inmune sin interferir con el sistema de defensa del organismo. Además, la HC también tiene efectos mineralocorticoide, a diferencia de los demás CCs, lo que podría ser beneficioso en pacientes con CIRCI. Es importante señalar que otros estudios no han reportado semejantes diferencias, aunque no está claro si los mismos fueron diseñados para estudiarlas.
Tabla 2. Resumen de resultados del metaanálisis de See et al.30

El análisis tiene limitaciones significativas, como admiten sus autores, especialmente en lo que respecta a la heterogeneidad, pero deja abierta la puerta para futuros estudios que corroboren estos hallazgos.
En la parte final de nuestra revisión resumiremos brevemente cinco metaanálisis realizados después del estudio de Dequin, de autoría de los grupos de See, Cheema, Díaz Caballero, Bergmann, y Wu.
El primero30 ya fue discutido arriba. En el reporte de Cheema et al.31, se analizaron 15 estudios, incluyendo 3,252 pacientes con NAC tanto moderada como severa. El uso de CCs en estos pacientes se asoció a una mejoría en la mortalidad, pero solo en pacientes con NAC severa y tratados con HC. También se reportó una mejoría en la incidencia de shock, el uso de VM y en la estadía hospitalaria. Una vez más, el uso de CCs no se asoció con efectos secundarios o complicaciones serias, excepto por hiperglicemia.
El metaanálisis conducido por el grupo de Díaz Caballero32 revisó 18 estudios, incluyendo 4,472 pacientes. El estudio tuvo la virtud de dividir subgrupos específicos de severidad basados en la necesidad o no de ser admitidos a UCI, y encontró una mejoría significativa en la mortalidad, así como también en las admisiones a UCI y la estadía hospitalaria. Los efectos secundarios se limitaron a la hiperglicemia y a un aumento en el número de readmisiones hospitalarias.
Los reportes de Wu33 (un metaanálisis actualizado en el año 2023) y Bergmann34 arrojaron resultados similares, todos mostrando una disminución significativa en la mortalidad, agravamiento de la neumonía y estadía hospitalaria. Una vez más, el único efecto secundario importante fue la hiperglicemia.
Basados en la revisión de la literatura, y en nuestra propia experiencia, podemos concluir que:
Como siempre, es imposible no enfatizar que hay que individualizar a cada paciente, que el juicio clínico sigue siendo un factor importantísimo en la decisión de administrar CCs a los pacientes con NAC, pero creemos que los médicos que decidan usarlos cuando no existen contraindicaciones obvias estarán actuando sobre bases sólidas y apoyados por una cantidad sustancial de evidencia publicada. Como el péndulo puede volver a oscilar hacia el otro lado, esto pudiese cambiar en un futuro (no sería la primera vez), pero ese es el “estado del arte” en el año 2024.
A continuación, presentamos tres tablas que elaboramos con base en la información recopilada durante esta revisión. Creemos que resumen lo expuesto en estas páginas.
Tabla 3. Resumen de los 10 metaanálisis más importantes encontrados en nuestra revisión


Tabla 4. Recomendaciones para el uso de corticoesteroides en neumonía adquirida en la comunidad severa, basados en las guías publicadas este año por la Sociedad de Medicina Crítica de los EE. UU. (SCCM)39

Tabla 5. Resumen de las guías internacionales sobre el uso de CCs en NAC

Queda mucho por saber. Los estudios del futuro sin duda ayudarán a esclarecer el efecto de los CCs en NAC. Los mismos deberán responder las preguntas que quedan:
El tema del uso CCs en NAC seguirá siendo tema de debate por años, y todavía no tenemos todas las respuestas. Se me ocurre citar al famoso novelista y poeta Jack Kerouac cuando dijo: “No tuve otra cosa que ofrecer a nadie más que mi propia confusión”. A pesar de las controversias, esperamos haber podido ofrecer un poco de luz sobre este apasionante tema.
Ninguno.
CCs: corticoesteroides
CIRCI: siglas en inglés del síndrome insuficiencia de corticoesteroides en pacientes críticamente enfermos (Critical illness-related corticosteroid insufficiency)
CR: coeficiente de riesgo
CRP: Proteína C reactiva (C reactive protein)
DXM: dexametasona
HC: hidrocortisona
IC: intervalo de confidencia
MP: metilprednisolona
NAC: neumonía adquirida en la comunidad
Pd: prednisona
P-S: prednisolona
SDRA: síndrome de distrés respiratorio del adulto
SOFA: Evaluación secuencial del fallo multiorgánico (Sequential Organ Failure Assessment)
UCI: Unidad de Cuidados Intensivos
VM: ventilación mecánica